¡FOLLOW ME!   

Retomando el running después de una lesión.

Pensé que después de una ruptura de ligamento, fractura de meniscos con rotación de rotula de la rodilla derecha en diciembre de 2013 jamás volvería a correr. Al menos esa era la visión del ortopedista con la cual no pensé quedarme.

Entrenaba para el Maratón de Miami que siempre es a mediados de enero, y me lesioné los primeros de días de diciembre. La depresión y la tristeza llegaron junto con una cirugía que me inmovilizó la pierna, y desde luego, frenar los entrenamientos intensos que iban incrementándose con la llegada de la competencia. Todo se detuvo.

Fueron seis meses de larga rehabilitación, de dolorosos esfuerzos y muchas ganas para salir adelante.

Nunca más voy a correr, tengo que buscar otro deporte o ejercicio que me haga feliz , – me decía en repetidas ocasiones y recibía consejos de la gente con respecto a que debería buscar opciones para “desahogarme”.

Y así fue, aunque la resignación no era una palabra que cupiera en mi vocabulario, empecé a buscar otras opciones para hacer ejercicio y no detenerme. Me certifiqué como maestra de yoga y ahí encontré un pequeño desahogo.

Sin embargo las ganas seguían. Recuerdo ir siempre a apoyar el Maratón de la Ciudad de México y terminar llorando entre emoción y coraje de no poder estar yo ahí, corriéndolo.

No paré, creo que eso es algo de lo que más me ha ayudado. Seguí haciendo actividad física recurrente: pilates, yoga, bicicleta, funcionales, box…para seguir manteniendo mi metabolismo y mis músculos en buenas condiciones.

Hasta que llegó un día en el que la vida me puso a decidir. Mi novio se inscribía al Maratón de Toronto y yo quería acompañarlo, sin embargo verlo ahí corriendo y disfrutando me motivaba aún más a seguir yo también sus pasos. Me decidí a acompañarlo pero antes, acudí con un ortopedista para que me revisara y me diera el visto bueno para algo que, según yo, ya era imposible.

Con la venia del doctor, me inscribí al Medio Maratón de Toronto, con el fin de acompañar a mi novio y no sólo hacer ese viaje juntos, sino emprender el camino de los entrenamientos hacia nuestra meta. Le comenté y estaba en shock por la decisión que había tomado.

Entrenamos con un gran Coach, fui aplicada y disciplinada. También acudía a masajes y terapias de recuperación. Mi alimentación mejoró aún más y la suplementación era parte de mis entrenamientos.

Hasta que se llegó el día, empacamos nuestras cosas, elegí que tenis y ropa usaría para ese día, y emprendimos el viaje a Toronto. Iba con muchos nervios, no sabía si podría lograrlo, no sabía si podía siquiera terminarlo, aún así seguí en el camino.

No se como describir la sensación, pero es una mezcla entre miedo, nervios y emoción, mucha emoción. El día por fin había llegado y ahí estaba, parada frente a la salida, con mis geles y un montón de ropa encima porque además, el reto era correr ese 21k a 1 grado de temperatura. La gente va dejando la ropa en el camino cuando sus cuerpos tiene el calor necesario para seguir ligeros, así que yo me uní a la mayoría y poco a poco me fui quitando las capas de ropa que traía.

Mi novio me dijo:

“encuentra un paso cómodo, y síguele”.

No pensaba – y hoy en día quizás ya no lo pienso – en mis tiempos, en el “pace”… decidí incluso tapar el reloj y dejarme llevar por las porras y la ciudad, por el ambiente tan lindo que se vive en los eventos deportivos que además, siempre convocan a las mejores vibras. Ese día no llevé audífonos ni nada que me distrajera. Eramos Toronto y yo.

Disfruté tanto esa carrera, que llegué sintiéndome muy cómoda todavía al kilómetro 17, mi mente empezaba a darme vueltas al 18 pero ahí ya no quedaba nada, y en ese momento veo la porra de una de mis mejores amigas, y pum me dio la gasolina para el ultimo jalón.

Ahí la tenía, faltaban 300 metros, decía el señalamiento, luego 200, luego 100 y ahí la meta que me esperaba con su mejor sonrisa. ¡No podía de la emoción! Me había demostrado una vez más que con esfuerzo y dedicación todo se puede, que sin duda el tener la guía de especialistas marca la diferencia y que el apoyo emocional de mi novio había jugado un papel fundamental porque me había dado la confianza y la motivación para estar ahí, cruzando esa temida y amada meta. Y la mayor sorpresa fue que crucé la meta en 2:12:39, tiempo bastante bueno para todo el contexto que lesplatico.

Hoy después de eso, no quiero parar ni quiero dejar de correr. Quizás por la lesión tengo que ser más paciente conmigo misma y aprender mis propios limites. Aún así no quiero parar, no debo parar.

Al final mi aprendizaje fue que los limites los pongo yo misma, que mi mente puede ser mi mejor aliada o mi peor consejera, que yo decido que poner en mi mente. Aprendí que cuando confío en mi, es posible. Aprendí que no hay nada mejor que tener un compañero de vida que crea en ti, aún cuando hay ocasiones en las que ni tu mismo crees en ti.

 

 

 

Health Coach por el IIN (Institute for Integrative Nutrition) de Nueva York. Especialista en Nutrición Deportiva por la Universidad de Guadalajara en un programa avalado por la FIFA, CONADE y COI. Antropometrista por la Sociedad Internacional para la Cinantropometría Avanzada (ISAK), trofóloga (Donnato de la O) e iridóloga por la Federación Internacional de Ciencias de la Salud Integrativa. Maestra de Yoga (200hrs) por OM Yoga de Marcos Jassan

POST A COMMENT